viernes, noviembre 23, 2007

Me besas esta noche?
Solo esta…
Puedes socorrer estos labios que trasuntan el espacio
Rodeando tu espejismo?

Tengo miedo, amor….
(ya no atrapo mariposas)

Ya no vuelan mis palabras…
solo ecualizan el silencio.

Ya no tengo sacrificios que ofrecer
Se me han helado los disimulos…
Acude el cansancio
Se me atrofian los muslos.
No puedo visitar los recuerdos
sin quedar atrapada en las redes del dolor
Donde me redimo y temo…

Temo a la inercia de estos latidos
Temo a la ingravidez de este cuerpo
Temo a la anestesia permanente de mis sentidos…

Imagino mi historia sin esta trampa
Como niña arropada en melancolías
Me detengo ante mi piel enfriándose y vacía
Desprovista de rumores y caricias…

Predigo la soledad recurrente
La sequía de mis labios
Anticipo todas las ausencias
y este amor sentenciado a muerte.

3 comentarios:

Claudio dijo...

Tu amor no está condenado a muerte;
un nuevo amor ya surge en latencia, su estado es el de una pupa - solo necesita un poquito de tiempo y coincidencias que sortear - ya respira y está a la vuelta de la esquina. No lo esperes, él te encontrará. Mientras tanto mis palabras quieren arrullarte.

Orgullecido dijo...

Bien sabía el que la iba a echar de menos, pero no hasta qué punto iba a sentirse deshabitado, no ya como un veterano de la nostalgia, sino como un mero aprendiz de la soledad...
Es claro que la civilizada preventiva cordura todo lo entiende y sabe que un holocausto puede ser ardua pero real prueba de AMOR sino hay permiso para lo imposible.
En cambio al cuerpo, como no es razonable sino delirante, al pobrecito cuerpo que no es circunspecto sino imprudente, no le van ni le vienen esos vaivenes, no le importa lo meritorio de su tristeza sino sencillamente su tristeza.
Al despoblado desértico desvalido cuerpo, le importa el cuerpo ausente o sea le importa el despoblado desértico desvalido cuerpo ausente y si bien el recuerdo enumera con fidelidad los datos más recientes o más nobles no por eso los suple o los reemplaza, mas bien le nutre el desconsuelo.
Bien sabía él que la iba a echar de menos lo que no sabía era hasta que punto su propio cuerpo iba a renegar de la cordura.
y sin embargo cuando fue capaz de entender esa dulce blasfemia supo entender también que su cuerpo era su único y genuino portavoz...

Adiós amor...

Anónimo dijo...

Quien es aquel a quien escribes?... que deja partir tu delicada escencia y desperdicia estas palabras?
Tu amor no esta sentenciado a muerte, coincido... tu amor vive mas allá de los proyectos de amores que se dentengan a admirarte.... que nos "detengamos a celebrar que la belleza y la intensidad aun existen...." gracias a ti.