Requiero comprender la voluntad de los opuestos
sin la fútil obstinación por negar
su elocuente soberanía,
o el encarnizado anhelo
que intenta doblegar
su perfecta simetría.
Preciso interpretar la bondad del universo
la generosa herencia de un microcosmos
la expansiva sensualidad de la luna
que aún permite versar los sueños.
Quiero comprender la insondable omnipotencia
que albergan los abismos,
el imán vertiginoso adherido a su peligro
el deseo que evoca el temor a la caída.
Y el mártir goce que provoca
lamerse las heridas.
Saber por qué un solo órgano en el pecho
decide el cuándo y el cómo
gobernando el pulso
del destino ingenuo.
martes, septiembre 14, 2010
lunes, septiembre 13, 2010
Cassandra (Gabriela Mistral)
A las puertas estoy de mis señores
blanca de polvo y roja de jornadas,
yo, Casandra de Ilión a la que amaron
en su patria los cerros y los ríos,
la higuera oscura y el sauce pálido,
el cordero del mes y el cabritillo,
el huérfano y también lo inanimado.
También la hora y el día me amaron,
menos el día yerto del exilio.
Al primer carro de los vencedores
subí temblando de amor y destino
en brazos del que amé contra mí misma
y contra Ilión, la que hizo mis sentidos,
y cuando ya mis pies no la tocaron
mi Patria enderezada dio un vagido
como de madre o hembra despojada:
voz de ciervo o leoncillo
ternerillo o viento herido.
Miré el tendal oscuro de mi raza
y tales rostros no me vi en los bárbaros.
Todo me amaba dentro de mi casta
y sobre el rostro de Ilión todo fue mío:
dátil de oro y semblantes de oro,
las islas avisadas, los riachuelos.
Pero yo, para ser hembra eterna
no amé el amor y he amado al enemigo.
El vencedor cuyo rostro da frío
en su carro me trajo y en su pecho,
y he cruzado arenales y bajíos,
y las aldeas arremolinadas
al eco de mi nombre ya maldito,
y yo no las he visto ni escuchado
de traer en mi bien los ojos fijos
y he de venir recitando mi muerte
como un refrán desde niña sabido.
Escucho tras de las puertas de bronce
los pasos de la hembra que se acerca
y que me odia antes de haberme visto.
Tampoco en la Tebas le valen puertas
de bronce a la mujer apercibida
para no oír la hora que camina
sin sesgo hacia Casandra y Clitemnestra.
Yo soy aquella a quien dejara Apolo
en pago de su amor los ojos lúcidos
para ver en el día y en la noche
y ver lo mismo arribar su ventura
que su condenación. Así Él lo quiso.
Todo lo supe y vine a mi destino
sabiendo día y hora de mi muerte.
Vine siguiendo a mi enemigo y dueño,
rehén y amante, suya extranjera,
sabiendo de su muerte y de mi muerte
y de la eternidad de ambos hechos.
A las puertas estoy oyendo el paso
de la hembra que me odia antes de verme
escuchando los pasos presurosos
de la que ya apuró su vaso rojo
y viene en busca del segundo sorbo.
¡Voy, voy ! Ya sé mi rumbo por la sangre
de Agamenón que en su coral me llama.
Tampoco la mujer apercibida
que está golpeando a las puertas extranjeras
dejó de oír la hora que venía y venía
recta hacia ella y Clitemnestra.
Todo lo supe y vine a mi destino
recta hacia el sitio de mi acabamiento.
Sin llanto navegué por mar de llanto.
Yo vine, aunque bien sabía
y bajé de mi carro de cautiva
si rehúsa, entendiendo y consintiendo.
No vale ¡ guay ! el bronce de la puerta
para que yo no vea a la que viene
por camino de mirtos a buscarme
ebria de odio y recta de destino.
La mujer sanguinosa me destestaba
pero es la sangre de él la que me ciñe
y el hilo del coral quien lleva
consigo a aquella que es rehén y amada
y las puertas se cierran sobre aquella
que de veinte años lo tuvo sin amarlo
y a quien yo amé y seguí por mar, islas, penínsulas
y aspirando en el viento del ábrego
la bocanada de la patria suya.
Vi Atenas antes de tocar su polvo
y veo la chacala de ojos bizcos,
le veo la señal apresurada
y el botín de mi cuerpo en sangre tinto.
Ya abre las puertas para recibirnos
según recibe el cántaro reseco
el chorro de su sidra o de su vino,
con tu cuerpo gastado cual las rutas
deseada fui como la azul cascada
que ataranta los ojos del sediento.
Ya estamos ya, los dos, ricos de púrpura
y de pasión, ganados y perdidos,
todo entendiendo y todo agradeciendo
al Hado que sabe y me salva.
Ya me tumban tus sanguinarios siervos
y ya me levantan en faisán cazado
pero el alto faisán de tu deseo
después de su rapiña y de su hartazgo
te dejará en las manos de sus siervos
y volarás conmigo los espacios
ricos de éter y de constelaciones.
Antes del alba habré recuperado
yo al Agamenón, al rey de hombres
en él voy de vuelo, ya voy de vuelo.
Poema extraído del diario “El Mercurio”, Santiago, Chile, N 62.927, pp. E1, E2 y E3, Domingo 22 de julio, 2007
blanca de polvo y roja de jornadas,
yo, Casandra de Ilión a la que amaron
en su patria los cerros y los ríos,
la higuera oscura y el sauce pálido,
el cordero del mes y el cabritillo,
el huérfano y también lo inanimado.
También la hora y el día me amaron,
menos el día yerto del exilio.
Al primer carro de los vencedores
subí temblando de amor y destino
en brazos del que amé contra mí misma
y contra Ilión, la que hizo mis sentidos,
y cuando ya mis pies no la tocaron
mi Patria enderezada dio un vagido
como de madre o hembra despojada:
voz de ciervo o leoncillo
ternerillo o viento herido.
Miré el tendal oscuro de mi raza
y tales rostros no me vi en los bárbaros.
Todo me amaba dentro de mi casta
y sobre el rostro de Ilión todo fue mío:
dátil de oro y semblantes de oro,
las islas avisadas, los riachuelos.
Pero yo, para ser hembra eterna
no amé el amor y he amado al enemigo.
El vencedor cuyo rostro da frío
en su carro me trajo y en su pecho,
y he cruzado arenales y bajíos,
y las aldeas arremolinadas
al eco de mi nombre ya maldito,
y yo no las he visto ni escuchado
de traer en mi bien los ojos fijos
y he de venir recitando mi muerte
como un refrán desde niña sabido.
Escucho tras de las puertas de bronce
los pasos de la hembra que se acerca
y que me odia antes de haberme visto.
Tampoco en la Tebas le valen puertas
de bronce a la mujer apercibida
para no oír la hora que camina
sin sesgo hacia Casandra y Clitemnestra.
Yo soy aquella a quien dejara Apolo
en pago de su amor los ojos lúcidos
para ver en el día y en la noche
y ver lo mismo arribar su ventura
que su condenación. Así Él lo quiso.
Todo lo supe y vine a mi destino
sabiendo día y hora de mi muerte.
Vine siguiendo a mi enemigo y dueño,
rehén y amante, suya extranjera,
sabiendo de su muerte y de mi muerte
y de la eternidad de ambos hechos.
A las puertas estoy oyendo el paso
de la hembra que me odia antes de verme
escuchando los pasos presurosos
de la que ya apuró su vaso rojo
y viene en busca del segundo sorbo.
¡Voy, voy ! Ya sé mi rumbo por la sangre
de Agamenón que en su coral me llama.
Tampoco la mujer apercibida
que está golpeando a las puertas extranjeras
dejó de oír la hora que venía y venía
recta hacia ella y Clitemnestra.
Todo lo supe y vine a mi destino
recta hacia el sitio de mi acabamiento.
Sin llanto navegué por mar de llanto.
Yo vine, aunque bien sabía
y bajé de mi carro de cautiva
si rehúsa, entendiendo y consintiendo.
No vale ¡ guay ! el bronce de la puerta
para que yo no vea a la que viene
por camino de mirtos a buscarme
ebria de odio y recta de destino.
La mujer sanguinosa me destestaba
pero es la sangre de él la que me ciñe
y el hilo del coral quien lleva
consigo a aquella que es rehén y amada
y las puertas se cierran sobre aquella
que de veinte años lo tuvo sin amarlo
y a quien yo amé y seguí por mar, islas, penínsulas
y aspirando en el viento del ábrego
la bocanada de la patria suya.
Vi Atenas antes de tocar su polvo
y veo la chacala de ojos bizcos,
le veo la señal apresurada
y el botín de mi cuerpo en sangre tinto.
Ya abre las puertas para recibirnos
según recibe el cántaro reseco
el chorro de su sidra o de su vino,
con tu cuerpo gastado cual las rutas
deseada fui como la azul cascada
que ataranta los ojos del sediento.
Ya estamos ya, los dos, ricos de púrpura
y de pasión, ganados y perdidos,
todo entendiendo y todo agradeciendo
al Hado que sabe y me salva.
Ya me tumban tus sanguinarios siervos
y ya me levantan en faisán cazado
pero el alto faisán de tu deseo
después de su rapiña y de su hartazgo
te dejará en las manos de sus siervos
y volarás conmigo los espacios
ricos de éter y de constelaciones.
Antes del alba habré recuperado
yo al Agamenón, al rey de hombres
en él voy de vuelo, ya voy de vuelo.
Poema extraído del diario “El Mercurio”, Santiago, Chile, N 62.927, pp. E1, E2 y E3, Domingo 22 de julio, 2007
sábado, septiembre 11, 2010
Intento
Desde hoy, intentaré trazar un rumbo nuevo
Donde los miedos no me miren con ojos caníbales
Donde la soledad ya no sea un pliegue de mi cuerpo
Y los estigmas no se sequen en mi frente.
He esperado este día con ansias de novia herida
Rasguñando los atuendos, rasgando vestiduras,
Absteniéndome del olvido, olvidaba mi vida
Y olvidaba contemplarme así, desnuda.
Donde los miedos no me miren con ojos caníbales
Donde la soledad ya no sea un pliegue de mi cuerpo
Y los estigmas no se sequen en mi frente.
He esperado este día con ansias de novia herida
Rasguñando los atuendos, rasgando vestiduras,
Absteniéndome del olvido, olvidaba mi vida
Y olvidaba contemplarme así, desnuda.
viernes, septiembre 10, 2010
Si pudiera...
Si amortajara el deseo
y mutilara mis manos,
si aceptara que las caricias proscriben
casi al mismo tiempo
que la humedad de los labios.
Si pudiera embalsamar
los caudales de mis venas
y sofocar el pulso
o maniatar el tacto.
Y la quieta y segura inercia
dominara
la instintiva concesión de mis piernas
Tal vez reposarían los delirios
obstruidos,
atascados,
en el alud de cenizas
que quedaron
de tanto incinerar
la carne adherida
a mi existencia.
y mutilara mis manos,
si aceptara que las caricias proscriben
casi al mismo tiempo
que la humedad de los labios.
Si pudiera embalsamar
los caudales de mis venas
y sofocar el pulso
o maniatar el tacto.
Y la quieta y segura inercia
dominara
la instintiva concesión de mis piernas
Tal vez reposarían los delirios
obstruidos,
atascados,
en el alud de cenizas
que quedaron
de tanto incinerar
la carne adherida
a mi existencia.
viernes, agosto 20, 2010
Uróboros II
(Amanece,
no puedo evitarlo
ni evadir el ahogo de la mañana
que hastiada de tanta opacidad
atropella insistente mi ventana.)
Me visto la armadura,
salgo calibrando mis próximos silencios
Babel camina a paso firme
con ojo vigilante
y semblante de guerrero.
Esconde los puñales tras insípidas sonrisas
y estimula el hambre de su pueblo
regurgitando el sabor de la codicia
Siento las mentiras vomitándose en las vitrinas
y se oferta la ilusión en cofres de cuero
pervirtiendo la necesidad innecesaria
obligando a comprar a crédito los sueños.
El cíclope me mira con ojo penetrante
y un par de cifras colgando de su cuello
le apuñalo el hambre con genuina risa
y termino el día a rostro descubierto.
Vuelvo a casa
sobreviviente y cansada
y exculpando a mi garganta
de todos sus silencios
(Oscurece
no quiero evitarlo
ni oponerme a la fugacidad de la noche
ni evadir
la ineludible periocidad
de su muerte.)
no puedo evitarlo
ni evadir el ahogo de la mañana
que hastiada de tanta opacidad
atropella insistente mi ventana.)
Me visto la armadura,
salgo calibrando mis próximos silencios
Babel camina a paso firme
con ojo vigilante
y semblante de guerrero.
Esconde los puñales tras insípidas sonrisas
y estimula el hambre de su pueblo
regurgitando el sabor de la codicia
Siento las mentiras vomitándose en las vitrinas
y se oferta la ilusión en cofres de cuero
pervirtiendo la necesidad innecesaria
obligando a comprar a crédito los sueños.
El cíclope me mira con ojo penetrante
y un par de cifras colgando de su cuello
le apuñalo el hambre con genuina risa
y termino el día a rostro descubierto.
Vuelvo a casa
sobreviviente y cansada
y exculpando a mi garganta
de todos sus silencios
(Oscurece
no quiero evitarlo
ni oponerme a la fugacidad de la noche
ni evadir
la ineludible periocidad
de su muerte.)
sábado, agosto 07, 2010
Nocturna
Hay noches que gotean nostalgias negras
Que se pegan como medusas
Directo a las venas
Inoculando su veneno
Hay noches que flamean como alas de cuervo
Que planean azabaches por la línea de mi espalda
Asistiendo al banquete de la carne muerta
Hay noches... como esta.
Que se pegan como medusas
Directo a las venas
Inoculando su veneno
Hay noches que flamean como alas de cuervo
Que planean azabaches por la línea de mi espalda
Asistiendo al banquete de la carne muerta
Hay noches... como esta.
domingo, julio 25, 2010
Abraxas
En tu develación imperceptible
yace nuestra prístina complicidad
la sagrada mutación de nuestra carne
fragilizada,
diluida
en su necesidad
de evaporarse
o condensar su sangre
entre la incierta vacuidad.
Y cuando la noche agrieta
las agónicas luminosidades
recurro a tus alas de ángel
que no quiere volar
conciliando el cielo
y la hoguera
en comunión de dualidades
donde dejo resbalar
mi austera santidad.
yace nuestra prístina complicidad
la sagrada mutación de nuestra carne
fragilizada,
diluida
en su necesidad
de evaporarse
o condensar su sangre
entre la incierta vacuidad.
Y cuando la noche agrieta
las agónicas luminosidades
recurro a tus alas de ángel
que no quiere volar
conciliando el cielo
y la hoguera
en comunión de dualidades
donde dejo resbalar
mi austera santidad.
lunes, julio 19, 2010
Residencia
En la rivera del sueño
allí,
donde convergen
como amantes confundidos
verdades y delirios,
donde la realidad pestañea indiferente
y el día arrastra su sombra
agonizante.
Alli,
donde asiste cauto el olvido
y sus fragilidades.
Allí,
vivo.
allí,
donde convergen
como amantes confundidos
verdades y delirios,
donde la realidad pestañea indiferente
y el día arrastra su sombra
agonizante.
Alli,
donde asiste cauto el olvido
y sus fragilidades.
Allí,
vivo.
miércoles, julio 14, 2010
Supuestos
Te extiendo mi posibilidad
El eventual trazado de mis años
La propuesta de mi piel
Meciéndose en tus manos
Te incito al presentimiento
Y la ambición
Al inédito anticipo de mis presagios
A la incertidumbre del deseo
Y al hambre virgen, palpitando…
Te dejo este invierno
Y su olvido
Con el frio entrelazado
A la promesa de un verano
Porque lo único inminente
Elocuente y tácito
Son estos versos inspirados
En el supuesto
De tus labios.
El eventual trazado de mis años
La propuesta de mi piel
Meciéndose en tus manos
Te incito al presentimiento
Y la ambición
Al inédito anticipo de mis presagios
A la incertidumbre del deseo
Y al hambre virgen, palpitando…
Te dejo este invierno
Y su olvido
Con el frio entrelazado
A la promesa de un verano
Porque lo único inminente
Elocuente y tácito
Son estos versos inspirados
En el supuesto
De tus labios.
domingo, julio 04, 2010
Post Génesis
- Quiero volver a tu pecho - dijo Ella -
quiero respirar de la sangre de tu corazón
quiero volver a ser promesa
y dejar de ser dolor.
- Ya no puedo protegerte - dijo Él -
te hicieron fuerte
me arrebataron la costilla y el valor
para quererte.
- Te ofrezco las cenizas de lo perdido
y los pecados que no alcancé a cometer
Necesito el refugio del que nací bajo tu brazo
no puedo con el frio
por favor...
¿déjame volver?
quiero respirar de la sangre de tu corazón
quiero volver a ser promesa
y dejar de ser dolor.
- Ya no puedo protegerte - dijo Él -
te hicieron fuerte
me arrebataron la costilla y el valor
para quererte.
- Te ofrezco las cenizas de lo perdido
y los pecados que no alcancé a cometer
Necesito el refugio del que nací bajo tu brazo
no puedo con el frio
por favor...
¿déjame volver?
miércoles, junio 30, 2010
Eros y Psique

No requiero los ojos para amarte
puedo modelar tu sombra
con la danza de mis labios
y besarte,
puedo oler los rastros de tu piel
resbalando y trepando
desde mis caderas a mis brazos,
e inventar tu rostro cada noche
desafiando la ceguera inevitable
con paisajes de silencios
y temblores.
No requiero tu nombre para amarte
para derramar mi desnudez
desde tu abismo a tu horizonte
y verter los delirios de mi carne
en estampidas de lluvias
invernales
cernidas en tu cuerpo...
y de tanto inventarte
de tanto presentirte
en cada sueño
poder otorgarle
fugaz alivio a este secreto.
lunes, mayo 31, 2010
domingo, mayo 23, 2010
lunes, mayo 10, 2010
Pasajera
Arribo
desde el instante que ofrecí mis besos
esparcidos como gemidos de lluvia
pero que sólo lograron fertilizar el viento.
Hasta el momento
que perdí las excusas.
Y entremedio se abrieron
constelaciones de historias
brillando en sinfonías
frágiles y mudas
entonadas una a una
amedrentadas sobre el diván de la noche
oxidadas por su silencio
inocentes frente al abismo
donde miré el fondo de mis ojos
impotentes de ternura.
Allí encontré a la vida
lastimando mi indiferencia
obligándome a habitarla
emanando deseos
y causas
siempre inconclusas.
Arañando mi piel por dentro
advirtiéndole a mi boca
sus promesas
y sus renuncias,
delirando verbos
confrontando mi ausencia
y mi condición
obstinada y absurda
de pasajera
sin huellas
ni ruta.
desde el instante que ofrecí mis besos
esparcidos como gemidos de lluvia
pero que sólo lograron fertilizar el viento.
Hasta el momento
que perdí las excusas.
Y entremedio se abrieron
constelaciones de historias
brillando en sinfonías
frágiles y mudas
entonadas una a una
amedrentadas sobre el diván de la noche
oxidadas por su silencio
inocentes frente al abismo
donde miré el fondo de mis ojos
impotentes de ternura.
Allí encontré a la vida
lastimando mi indiferencia
obligándome a habitarla
emanando deseos
y causas
siempre inconclusas.
Arañando mi piel por dentro
advirtiéndole a mi boca
sus promesas
y sus renuncias,
delirando verbos
confrontando mi ausencia
y mi condición
obstinada y absurda
de pasajera
sin huellas
ni ruta.
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